Desde que tengo memoria,
he estado diseñando.
De niña empecé vistiendo a mis muñecas, cosiendo a mano con la ayuda de mi mamá. Hasta que mi tía Zully me prestó su máquina de coser y ya no hubo vuelta atrás. Primero me hacía ropa a mí, luego a mi hermana, luego a mi mamá. Como no siempre podía comprar telas nuevas, le asaltaba el armario a mamá y reciclaba su ropa para tener algo diferente que ponerme cuando salía con mis amigas. Ellas me pedían lo mismo. Después los compañeros de la universidad.
Creo que por eso a mis clientas las siento amigas: porque desde el principio, siempre fue así.
Estudié Arquitectura y, en paralelo, Diseño de Moda en el Centro Kandinsky de Córdoba, Argentina. Mientras tanto, con unas amigas de la facultad creamos «Sinergia»: nuestra primera marca, de bolsos diseñados a varias manos. Fue el primer empujón para crear algo completamente propio.
Esa necesidad me llevó a fundar b o n o | b o n o junto con mi hermana Andrea. Creábamos piezas únicas: tomábamos patrones básicos como lienzos y los interveníamos con texturas, superposiciones, detalles. Vestidos de novia, de quinceañera, de egresada. Mamá nos tejía en telar aplicaciones que cosíamos a los vestidos. Cada clienta era un aprendizaje. Cada día, una aventura.
En esa etapa, fuimos seleccionadas para participar en «101 Diseños de Autor», el libro publicado por el INTI Argentina en el que participaron ciento un diseñadores de todo el país. Una de esas cosas que te recuerdan que vas por el buen camino.
«Si haces algo para una amiga o para ti, ¿cómo lo harías? Con muchísimo amor. Así nació Bono Bono.»
— Cecilia Bono, fundadora